Publicidad:
Terra
La Coctelera

Pasta alla carbonara

Me gusta la pasta, me ENCANTA la pasta, me PIRRRRRRRRRRA la pasta, y es que después de mi paso fugaz (un año) por el país de la pasta, cada vez que preparo un plato de pasta me veo de nuevo en la terraza del ático de Via dei Serpenti, donde viviamos, disfrutando de la compañía de mis maravillosos amigos calabreses y sicilianos, degustando alguno de sus platos, intentando aprender de ellos los secretos de la "vera pasta".

Es tanto el cariño y dependencia que tengo hacia la pasta, que si un día me levanto, abro el armarito de la cocina y no encuentro pasta, me da algo.

En fin, después de este estúpido preludio, vamos a lo que vamos, a la carbonara. Para empezar, que quede constancia que la mejor pasta alla carbonara (spaghetti) que he probado jamás la cocina el bueno de Andrea Tallarida, calabrés de origen y romano de adopción. Como él, NADIE.

Lo primero que uno debe pensar a la hora de preparar un plato de pasta es elegir la pasta. Y no sólo me estoy refiriendo al tipo de pasta (spaghetti, tortiglioni, penne ...) sino a la marca productora. Antes que nada hay que distinguir entre pasta cortada con máquina de bronce o con máquina de silicona. La diferencia es sustancial, la cortada en máquina de bronce es más porosa, de modo que absorbe mucho mejor la salsa con la que vayamos a acompañarla. Es decir, la pasta cortada en máquinas de silicona SUCKS!!

Después, hay que elegir una buena marca. Mi preferida es De Cecco, pero aún no la he encontrado en los supermercados cerca de mi casa. Así que de las pastas que puede encontrarse uno en un supermercado normal, yo me decanto por Barilla.

Una vez hecha esta elección, hay que elegir el tipo de pasta. Para la carbonara yo siempre haría (hago, haré) spaghetti. ¿Por qué? pues no lo puedo explicar con palabras, es una cuestión de feeling, al menos en mi caso, pero bueno hay otras pastas que no le van mal a la salsa carbonara, así que vosotros "mesmos". Ah, si compráis pasta Barilla, comprad lo que llaman spaghettoni, los spaghetti que se vende en Madrid son lo que en Roma llamaban spaghettini, es decir, muy finitos.

Así que si ya tenéis la pasta Barilla, spaghettoni Nº7, sólo os hace falta huevos, bacon (o panceta), pimienta negra y queso parmesano y pecorino romano. El pecorino romano es difícil de conseguir en Madrid, así que podéis pasar de él, aunque para aquellos que queráis substituirlo por otro queso que sepáis que se trata de un queso de oveja (obvio), muy salado y de consistencia dura.

Lo tenemos todo, OK, manos a la obra:

Cocer la pasta: (válido para todo tipo de pasta)

- poner a cocer agua abundante, para que no se os seque cuando cozáis la pasta
-llevarla al punto de ebullición

-agregar la sal, sin duda el momento más difícil, si ponéis poca la pasta estará manifiestamente sosa, si os pasáis, saladísima, y estos dos extremos pueden matar la maravillosa sensación de comer un plato de pasta en su punto, así que a practicar con la sal

- añadir la pasta, ¿cuánta? yo pongo 125 gr. por cabeza, pero es una ración generosa, algo menos está bien, sobre todo si tenéis preparado un segundo plato

- bajar un poco el fuego para que la ebullición no sea especialmente violenta

- ¡¡¡cocer el tiempo JUSTO!!! generalmente, los tiempos que indican en los paquetes de pasta son aproximadamente justos, para saber cuando retirar una buena pasta al dente, un poco antes del tiempo indicado en el paquete, sacar un poco de pasta, morderla y ver el interior. Deberíamos apagar el fuego cuando quede aún un poquito de pasta cruda en el centro de la misma. Así mientras sacamos la pasta y la servimos, con el calor que aún mantiene se hará un poquito más y estará EN SU JUSTO PUNTO

-retirar la pasta, si se trata de spaghetti deberíamos utilizar una spaghettera o en su defecto un tenedor, nunca volcar los spaghetti en un escurridor de pasta, se mezclaran entre ellos y se formara una maraña de spaghetti que será incómoda de comer.

Como veis NO hemos añadido aceite al agua donde cocimos la pasta. NO SE ECHA ACEITE al agua a no ser que la pasta sea pasta casera FATTA IN CASA, en cuyo caso la pasta puede pegarse y se necesita echar un poquito de aceite para evitarlo. La PASTA COMERCIAL NO SE PEGA, así que ahorraos el aceite, que además últimamente está CARÍSIIIIIIIIIIMO.

Salsa Carbonara:

- batir los huevos (para 250 gramos de pasta yo pongo un huevo)

-añadirles el queso 50% parmesano 50% pecorino romano y mezclar

-a parte hacer el bacon (o panceta) en un poco de aceite, a fuego más bien lento para que no se os churrusque, NO debe quedar crujientito. Yo uso aceite virgen para freírlo, pero allá ustedes.

Cuando esté la pasta, sacarla en el modo indicado e ir echándola en el recipiente donde pusimos el huevo con el queso, mezclar lentamente, de modo que el huevo se cueza un poco con el calor de la pasta. Después de un poco, añadir el bacon (o panceta) sin echar todo el aceite, pero sí un poquito, y mezclar de nuevo.

Al servirla, esparcir pimienta molida (¡¡¡NO EN POLVO!!!) por encima, en mi opinión este detalle es esencial para comer una buena pasta alla carbonara.

¡Y a comer!

Le podéis poner un poquito de queso rallado extra por encima.

Como habréis notado NO SE USA NATA LIQUIDA EN LA SALSA ALLA CARBONARA, esto es un SACRILEGIOOOOOOOOOO. Para que os hagáis una idea, la pasta carbonara era la que tomaban los carboneros italianos a media jornada para poder afrontar las duras jornada en la mina. Os imagináis a los mineros poniendo nata liquida en sus platos, ¡¡¡AMOS HOMBRE!!!

Bueno, me voy a preparar una pastita ahora mismo, me ha entrado un hambre canino.

Hasta la próxima receta.

Sayax

PD: la pasta alla carbonara es un plato típico romano

Bienvenid@

Marché hace la friolera de 6 años. Lo de friolera va más por el frío que pasé en el norte de Europa que por la duración de la estancia, que al fin y al cabo sólo supone el 17% de los años que llevo vividos (me pirran las estadísticas). Volví con la maleta cargada de experiencias, idiomas, recetas, artículos en revistas internacionales de renombre (¡qué prohombre!), un par de niños (la parejita) y un dedo roto. Ilusiones, las justas.

Me encontré con una patria un tanto cambiada, embellecida por el crisol de la inmigración, empobrecida por el ladrillo y el insulto indiscriminado. Si bien los tomates volvían a ser tomates, las naranjas, naranjas, los plátanos, plátanos, el pescaoooo (ay, el pescauuuuuuuuuuu), pescao, y un largo etcétera, la universidad dejaba de ser universal, y el empleo y la vivienda dejaban de ser derechos. El azul del cielo volvía a ser eso, azul, vamos, el cielo de toda la vida.

En fin, que llevo aquí 6 meses y ya estoy con el culo inquieto, pensando qué hacer con mi vida porque lo que no quiero es acabar como Mr. Body, el devorador de venecianas.

El objetivo de este blog, como todos los blogs del mundo es el de ser FAMOSOOOOOOOOOOOOOOO!!! nooooooooooooooooooooo, no, un poco exhibicionista si soy, hay que serlo para decidirse a escribir una cosa como esta. El objetivo supongo que es el de tener una especie de diario que me ayude a mantenerme en mis casillas. Veremos qué ocurre.

Sayax, la ánguila erotómana de la Autónoma